Saturday, November 3, 2012

Llegó la nieve


Esta es la pinta que tenía la entrada de mi residencia la noche del lunes al martes de esta semana. Siguió nevando un buen rato más, o sea que el manto blanco acabó siendo más espeso. Muchos estáis de vuelta de todo esto, ya lo sé, pero qué le voy a hacer, yo soy de la costa y me llaman la atención estas cosas.

Me contaron que el invierno pasado en Bratislava sólo nevó un par de días de diciembre, por eso me pilló un poco de sorpresa ver nevar tan pronto, pero así fue. La noche del 28 al 29 de octubre cayó la primera nevada (al menos la primera de más de cuatro copos), y de momento la única. Al ver que nevaba, una panda de españoles vecinos míos bajaron corriendo a desnudarse por completo y tirarse en la nieve. Una risa. Yo llegué tarde y me perdí el espectáculo. No sé si me habría atrevido a unirme, though...

Justo el viernes anterior recibí la maleta con provisiones invernales: un par de camisetas de manga larga, la cazadora, un gorro, pijamas largos, etcétera. De todos modos, un día de estos tengo que ir a comprar más camisetas y un par de botas. La cifra de mi cuenta corriente está bajando a una velocidad pasmosa, de verdad que no sé cómo hago, y ahora viene un gasto gordo, mon dieu... Encima, el gobierno nos recorta el erasmus. Menos mal que me vine a un país barato, no quiero pensar cómo estarán los de Francia o Alemania.

Sí, uso la cazadora, ¿qué pasa? Es un coñazo porque luego entras en cualquier sitio y hace calor, hay que quitarse la cazadora y el jersey, ponerlos en algún lado, se caen, molestan... Ya, ya sé que no hay que venir a Eslovaquia para que pase eso, pero no sé, no estoy acostumbrado, generalmente me pongo la cazadora dos veces cada invierno. De todos modos tampoco es que aquí haga un frío de morirse, de momento. 4-6 ºC por el día, algo menos por la noche. Lo malo es cuando hace viento, pero si no sopla todo va bien.

Sunday, October 14, 2012

Maratón conciertil trinacional: Chequia, Hungría, Eslovaquia





Hace tres fines de semana, Vica y yo nos dimos un palizón de trenes y de falta de sueño, sobre todo ella, para ver tres paradas de la gira conjunta de Arkona, Dalriada y Darkest Era. No voy a hablar de los conciertos en sí porque no interesan, las crónicas ya las pondré en Furia Asgardiana y en The Breathless Sleep. Aquí voy a contar todo lo demás.

Todo empezó un poco como de broma. Primero salieron las fechas de Arkona, y se sabía que en Budapest estarían acompañados por Dalriada entre otros. Más tarde se anunció que con ellos iría Darkest Era, un grupo norirlandés, y en ese momento me puse contentísimo; el resto de la gente del foro donde lo comentamos estaba en plan “y esos quién rayos son”, así que les recomendé escuchar su único disco The last caress of light, porque es una pasada. Una cosa bastante parecida a Primordial pero sin rastro de la crudeza que caracteriza a sus vecinos, voz limpia y algunas influencias maidenianas (el cantante hasta dice lo de “scream for me [$nombre_de_la_ciudad]”). Además, en Brno y Budapest habría muchos más grupos. En un principio dijimos: eh, molaba ir a Brno también, ja, ja, enchenta de Arkona, ja, ja. Poco a poco se fue convirtiendo en un: oye… ¿y si vamos? ¿Crees que nos cuadrarán los trenes?... Y de ahí al resultado final: ir a los tres.

El viernes 28 de septiembre me levanté tempranito, a las ocho, para desayunar, ducharme, afeitarme, preparar la mochila, etcétera, y coger el tren de las diez. El plan era llegar a las doce menos cuarto, darme una vuelta y volver a la estación a buscar a Vica dos horas más tarde, que venía desde Komárno, para a continuación comer juntos y tirar para la sala. Al final no lo hice. Tenía sueño y preferí dormir una hora más, porque el día iba a ser completito. Así que cogí el siguiente tren, para sorpresa de la húngara cuando me vio entrar en el compartimento en el que se hallaba.

Llegamos más tarde de la hora prevista porque el tren llevaba media hora de retraso, pero aun así teníamos tiempo de sobra. Conseguimos entre los dos unos quince euros en coronas (las monedas son preciosas y enormes), nos dimos un pequeño paseo por el
Una calle del centro de Brno.
Vica has two fork!
centro y nos sentamos en un banco de un concurrido parquecito a comer nuestras chachiguachis hamburguesas. Al menos las mías lo eran. Grandochas, con la carne sobresaliendo partout, ensalada y mayonesa, 2,63 cada una, compradas en la estación de Bratislava. Volvimos despacito y dando un rodeo hasta la parada de tranvía de delante de la estación, y allí nos encontramos a dos miembros del grupo checo Cruadalach, uno de los cuales era conocido de Vica. Hablamos un rato y luego ellos se fueron para la sala, que aún tenían que probar sonido; nosotros nos lo tomamos con más calma, y más adelante nos encontramos con una pareja que también iba al concierto. Él hablaba un inglés muy gracioso, con perfectísimo acento londinense, parecía de la BBC, impecable; y si ya es gracioso de por sí, cuánto más oírselo a un checo.

Total, que llegamos a la sala y nada más entrar nos encontramos con Lazar, guitarrista de Arkona, y Antón, mánaller o algo así del grupo, quien nada más ver a Vica le regaló una camiseta que le había prometido tras utilizar sin permiso un texto escrito por ella para la promoción de la gira (buscad el trailer en el Youtube, eventos del Facebook, etc., y podréis leerlo). Vica, a su vez, le dio a Lazar una cartulina de felicitación, escrita y dibujada por ella, porque había estado de cumpleaños unos días antes, y él a cambio le dio una copia de su disco Slovo en edición rusa, un digibook tó guapo. O sea, que hizo buen negocio, la chavala. Oh, y no sabéis lo que vendían en el tenderete de Arkona: cintas de cassette de los dos primeros álbumes.

Los conciertos, como dije, tienen su crónica aparte, así que no los voy a detallar aquí. Cuando acabó el de Arkona, que fue el penúltimo, la cantante Masha se fue al área de músicos vestida con una sudadera negra, la capucha puesta y mirando al suelo. La pobre debe de estar harta de los fans. El siguiente y último concierto fue el de Darkest Era, que moló un montón porque al haber ya poca gente fue muy cercano; terminó sobre las dos y pico, nuestro tren salía a las tres y veinte, y Vica se empeñó en que quería entrar en el área privada a abrazar a Masha; poco le importó que le metiera prisa para el tren o que le dijera que la rusa evidentemente no quería ver a nadie. Al final se las apañó para entrar, yo, por supuesto, fui detrás, y Masha, al verla, puso cara de resignación y tardó un instante en saludarla, con una sonrisa cansada. Hablaron dos minutos, se abrazaron y nos fuimos; entonces Vica dijo que nunca más la volvería a perseguir. De recuerdo me llevé un set list de Arkona.

Salimos de la sala y fuimos a la parada de autobús, para enterarnos de que el nuestro acababa de pasar y el siguiente llegaría demasiado tarde. Como cortarle el cuello a Vica no habría servido de nada en ese momento, optamos por echar a correr. Por suerte no nos perdimos y subimos al tren sólo un minuto antes de que arrancara. Iba
El escenario de Arkona molaba
petadísimo. En realidad no era para tanto, pero era de éstos de compartimentos que tienen tres asientos enfrentados a otros tres, y había gente que iba durmiendo tumbada en dos o en tres, mientras que otros nos tuvimos que quedar en el pasillo. Dirás tú: pues pídeles educadamente a los de los compartimentos que te dejen un hueco. ¡Ah, pero los compartimentos tenían las puertas cerradas con pestillo! Patético. Así que nos quedamos en el pasillo de medio metro de ancho la hora y media o dos horas que duró el viaje. El viaje a Bratislava, claro; una vez en la capital eslovaca tuvimos que coger otro tren a Komárno, de ahí un taxi a Komárom (la mitad de la misma ciudad que está al otro lado del río y por tanto de la frontera) y de Komárom un tren a Budapest. Acertaste: tanto lío no vale la pena en absoluto, y menos si en lugar de caminar coges un taxi, porque se te lleva el poco ahorro que te suponía hacer la jaimitada en lugar de coger el tren directo de capital a capital. Eso sí: a partir de Bratislava fui durmiendo en todos los trenes. Y en el taxi. Y en el hipermercado al que fuimos en el rato muerto que tuvimos antes del tren a Budapest. Durante ese rato fui guiado por la húngara casi como un ciego y sólo espabilé un poco, poquito, para reñirle, totalmente en vano, por usar las máquinas de pagar en lugar de ir a una cajera.

Al llegar a la capital húngara ya me espabilé. Dejamos las cosas en la residencia, bajamos a comprar algo de comer y tiramos para la sala, que abría puertas a las tres o así. Allí, Vica se encontró con sus amigos de medio país y parte del extranjero
Ridículo minifutbolín que hay
en el local de Brno
(concretamente Croacia y Polonia). La sala, antes llamada Wigwam y ahora Club 202, es grande y preciosa, decorada con temática de indios norteamericanos: mucha madera, telas, pieles y dibujos de tótems y demás. De nuevo, no voy a entrar en detalles de los conciertos, pero hay que destacar al cantante de KerecsenSolyom, todo un espectáculo unipersonal, uno de los mejores y más enérgicos “fróntmanes” que vi nunca. Al acercarnos al tenderete de Darkest Era, la batería y el bajista nos saludaron, pues nos recordaban de la noche anterior, y les compré el disco, un EP y una camiseta, todo ello por 20 €; y el álbum me lo firmó todo el grupo. Más tarde hubo firma de discos por parte de Dalriada, que en su país son superfamosos y tienen superéxito, y les pedí que dedicaran el que acababa de comprar a Enlil y su hermano para mandárselo por correo a la semana siguiente.

Acabados los conciertos nos separamos. Yo llegué a Bratislava a las diez de la mañana o así y me fui directo a la residencia a dormir. A la hora del concierto fui a la sala y llegué a pocos minutos de que empezara Dalriada, el primer grupo de esa noche;
¡Arkona vendía cintas! Me quedó pena de
no comprar alguna, obviamente por puro
coleccionismo descerebrado. (El precio
está en coronas checas; son unos
cinco euros.)
Vica entró media hora más tarde, aproximadamente. Estaba desganado en general, y durante Arkona no me apeteció más estar allí, así que me fui a la barra, donde se dio la casualidad de que estaba Lisa, la batería de Darkest Era, bebiendo un whisky caliente con limón. No digo del tiempo, no: digo caliente, como la leche del desayuno. Y no digo unas gotas de limón, no: digo un cuarto de limón metido dentro del vaso, previamente exprimido sobre el mismo. Parece que esa guarrada es bastante típica allí, y me la dejó probar y la verdad es que no sabe mal. Al poco llegó Krum, el cantante, escrín for mí Bratislava, y mientras se tomaba otro de lo mismo, llegó un tío y le ofreció un vaso de borovichka o pálinka o una cosa local de esas que el norirlandés rechazó con agradecimiento. Aun así, el tío se enfadó y me lo acabó dando a mí (juro que no estaba poniendo cara de quererlo ni haciendo nada más que observar la escena). Y como tenía el vaso delante y tanto el tío como Krum se fueron, pues mira, no era plan de desaprovechar el licor…

Al acabar Arkona volvimos a ver a Lisa y al bajista (cuyo nombre desconozco porque entró en el grupo hace muy poco y no lo encuentro en los internetes), quienes nos dijeron que para la próxima avisáramos y nos invitaban al concierto. Poco después nos pusimos a hablar con otra de Darkest Era y dos de Arkona, nos hicimos la foto de rigor, que por cierto quedó muy chula, y finalmente abandonamos el local para ir a la estación, donde Vica cogería el tren que la llevaría de vuelta a Budapest, terminando así la aventurilla folkmetalera.

Por cierto, al acabar Arkona el tercer día vimos que dos chavalas cogían del foso el enorme y rústico pandero de Masha Scream; supusimos que era para dárselo a sus dueños, pero un rato después nos quedamos con cara de tontos cuando Lazar nos dijo que lo habían robado...

Tuesday, October 2, 2012

Agueste IV: Lviv




VIERNES 10 DE AGOSTO DE 2012

Vítali, cartógrafo de profesión, o algo muy parecido, me estuvo dibujando planos la noche anterior y explicándome cómo llegar al centro y lo que allí hay. Mencionó unas treinta mil iglesias y catedrales, cada una de su padre y de su madre: que si jesuita, que si católica griega, que si armenia, que si ortodoxa de no sé dónde... Por allí también están la ópera y el ayuntamiento. Así que, cuando llegamos, y tras comprar los billetes para la vuelta y para Slavske, me dispuse a visitar el centro. Me recomendó coger el tranvía —valen el 1 y el 9, especifico por si a alguien le vale de algo— pero decidí ir a pie porque es muy
El circo de los horrores
fácil: primero vas hasta la iglesia gótica que ves enfrente nada más salir de la estación, luego giras a la izquierda, vas recto recto recto pasando un siniestro y envejecido circo hasta llegar a la ópera, ahí giras a la derecha y en cinco minutos más ya llegaste al ayuntamiento. Todo este paseo, que me llevó unos veinte minutos, lo pasé mirando maravillado todo lo que me rodeaba. Es un lugar en el que no me gustaría nada vivir, pero para visitar es extraordinario, al menos para un español. Si quieres ver una ciudad de los años cuarenta, no necesitas una máquina del tiempo: te basta con un billete de tren o avión a esta parte de Europa. Calles adoquinadas, transportes destartalados, edificios polvorientos... Contrastan un poco los coches, que en su mayoría, y como cabe esperar, son modernos. Saqué montones de fotos de estas calles, pero no captan en absoluto la atmósfera que se respira allí, if you get my point.

Вулиця Городоцька (calle Gorodotska)
La plaza encabezada por el edificio de la ópera está bastante guay. Algunos arbolitos, una fuente, estatuas. Me compré un helado en un puesto ambulante por
La ópera y su plaza
aquello de poder decir que me compré un helado frente a la ópera de Lviv, pero fue una mierda pinchada en un palo: me costó aproximadamente euro y medio (carísimo para esa ciudad) y la “bola” que le puso, ni llenó el cucurucho por dentro, ni sobresalía del mismo, ni tapaba la abertura en su totalidad. Seguí buscando el ayuntamiento. Cuando consideré que debía de estar muy cerca, entré en un sitio a preguntar; no supe decirlo, pero le enseñé al tío el dibujín que me había hecho Vítali de la torre con la bandera y ya me supo orientar. Me di un paseíto, vi cosas que describiré en el siguiente epígrafe, comí una pizza acompañada de un zumo de melocotón en un restaurante y volví a la estación a coger el tren para Slavske.

El plan de visitas, o algo así...

DOMINGO 12 DE AGOSTO DE 2012

Mientras estaba en el tren de vuelta recibí un mensaje de Julia, una chavala de Lviv con la que había contactado vía CouchSurfing. Fue una agradable sorpresa porque en varios días no había contestado a mi último mensaje y yo no tenía su teléfono, así que ya no contaba con ella. Quedamos entre los dos leones de la puerta del ayuntamiento; cogí un tranvía (jrivna y media, quince céntimos de euro) y fui directo para allá.

El centro es una chulada. El ayuntamiento está rodeado por cuatro estatuas, una en cada esquina, de dioses griegos: Adonis, Anfítrita, Artemisa y Poseidón. La mayoría de edificios tienen tres ventanas en cada piso; Julia me contó que eso es porque antiguamente cobraban un fuerte impuesto a quien los construyera más anchos. Hay uno
Edificios de tres ventanas de anchura
que tiene cinco, que perteneció a un filántropo al que le permitieron hacerla sin cobrarle extra como agradecimiento a todo lo que le había dado a la ciudad. No sale en la foto, está un poco más a la derecha, lo siento. El primer día pululaban por allí dos mozas, cada una con un gracioso vestido y una pamela, vendiendo caramelos que, curiosamente, sabían a caramelo. A lo negro que le echas por encima al flan. A azúcar quemado. Creo que nunca había probado ninguno. Besides, había una especie de autobús abierto por los lados en el que la gente se sentaba en taburetes mirando hacia dentro y pedaleaba para que avanzara.

Iglesias, como dije, hay unas ocho o diez. La más chula de todas es la católica griega, que no tengo muy claro si es iglesia o catedral. Su interior
está decorado de manera bastante bonita, con frescos en el techo. Hay pocas sillas y sólo se sientan los viejiños; lo normal es oír la misa de pie. En ucraniano hay dos palabras que significan iglesia, pero una se refiere a las polacas y la otra, a las… no sé, a las que no son polacas. Una de las palabras es церква (tserkva) y la otra es костьол (kostol), pero tampoco recuerdo cuál es cuál. Detrás de esta iglesia, el primer día había un mercadillo de libros, sellos y billetes antiguos, pero el segundo no porque estaba de lluvia. Y lo más gracioso es que en el medio de todas esas catedrales e iglesias hay un edificio que antiguamente era un puticlub, como atestiguan los altorrelieves que tiene tallados, que representan, alternativamente, una tipa en pelotas y un tipo haciéndose una paja.


Natasha, antigua profe mía de ruso con la que me sigo llevando, me dijo que probara el café de Lviv, que seica es muy bueno. Entre otras cosas me recomendó visitar la cafetería llamada Sinia Pliashka (ella me dijo Zelena Pliashka, es decir, botella verde en lugar de azul, lo cual provocó mucha risa tanto a Vítali como a Julia), recomendación que también me hizo Vítali, porque es elegante y porque tienen allí sacos de café y palas y te lo muelen en el sitio, o algo parecido. Esa es la gracia que tiene, porque el café tampoco es especialmente bueno, seica. Entré el primer día, pero el café me lo tomé con Julia en otro sitio. Pedí algo de nombre similar a lvivski kofe y no me gustó demasiado, la verdad. Tenía todo el poso en el fondo; se conoce que primero echan el café molido y luego el agua hirviendo encima. Sé que esta manera de prepararlo no es exclusiva de allí, pero nunca la había probado y no me hizo gracia el invento, no.

Otro sitio que visitamos fue la farmacia más antigua de la ciudad, que si no recuerdo mal data del siglo XVII, sigue funcionando como tal en la actualidad y se puede visitar por un precio no muy alto. Hay lo que te puedes esperar: aparatos antiguos como básculas, embudos, distintos recipientes,
Cocina alquímica farmacéutica
utensilios para cortar y moler, botes de hierbas y pócimas chungas, libros, y dos cosas que me llamaron especialmente la atención: un pergamino con símbolos que parecen alquímicos titulado “Criptogramas” y una cocina con agujero de aspecto casi medieval. O sin casi. Julia me dijo que eso era efectivamente antiguo, pero que a principios del siglo XX se seguían haciendo ese tipo de cocinas. A su alrededor hay unos cuantos animales disecados: un pez erizo, una tortuga, un cocodrilito, entre otros. Para terminar el apartado dedicado al paseo, me gustaría mencionar la “estatua de la Libertad”, que no sé si tendrá relación con la neoyorquina pero se le parece un montón, y la dinámica estatua de San Jorge, patrón de Lviv, en la que el dragón se ve reducido a una mera serpiente con cara de muy mala leche. Dice Julia que los equivalentes a Jorge en ucraniano son Iuri, como Iuri Gagarin, y G’eorgi, pero que ella no ve cómo pueden ser el mismo nombre. Yo lo veo clarísimo, la verdad. Compáralo con Jordi, por ejemplo. A G’eorgi le pongo un apóstrofo porque lo pronunció de una manera muy rara: primero dijo la ge, hizo una pausa como si se hubiera atragantado o tuviera hipo y luego dijo el resto. Le pregunté y me dijo que se dice así. Pues será. Ah, y me llevó a comer a un sitio donde probé el borsh verde (el rojo lo había probado ya en la estación de esquí), que sabe a caldo normal, y una especie de raviolis gigantes con forma de empanadilla llamados pirogui con smetana, una salsa de sabor similar al yogur, muy común en todo el centro y este de Europa. Sí, yo también me acuerdo siempre del compositor de El Moldava. No me parece un nombre serio para un músico importante. Imagínate llamarte Ludwig von Ketchup. O Wolfgang Amadeus Mostaza. (Por cierto, que me acabo de dar cuenta de que por aquí no deben de existir las empanadillas.)

Cuando se acercó la hora de irme nos dirigimos a la parada de tranvía. No daban pasado ni el 1 ni el 9 y yo ya me estaba poniendo nervioso, porque menuda gracia me iba a hacer perder el tren de las 21:30. Echamos a andar apurados hasta que cogimos otro que no lleva a la estación, pero al menos
Criptogramas
te acerca. Luego ella se tuvo que ir, me dio unas indicaciones y me dejó solo; minutos después me mandó un mensaje diciendo que detrás venía el 9. Bajé, le pregunté a un señor muy majo que sólo hablaba ucraniano pero hizo todo lo posible para que le entendiera, eran sobre y cuarto ya, vino el tranvía, monté, bajé en la calle de la estación, eché a correr como un descosido procurando al mismo tiempo no resbalar en las baldosas húmedas, y entonces me di cuenta de la situación y pensé: Jo. Estoy corriendo a toda velocidad por la calle de la estación de Lviv, ciudad extraña, lejísimos de casa, con letreros en cirílico y lengua casi desconocida, para no perder el tren que me llevará a Budapest. ¿Cuánta gente puede decir eso? Tengo una suerte que no me la merezco.

Y en ese momento, amigos míos, fui tremendamente feliz.

Tuesday, September 25, 2012

El rubio del bar

Hallábame yo ayer por la noche en un tranquilo bar del centro de Bratislava, acompañado por una panda de estudiantes de Bellas Artes, cada uno de su esquina del mundo, hablando de la vida y las bacterias del cosmos imperecedero y disfrutando de unas cocacolas y unos cacagüeses, cuando me fijé en que detrás de mí, en la mesa de al lado, había un rubio de melena lisa y perilla que me sonaba un montón. Primero le comenté a Julián que se parecía a Jens Johansson, aunque sabía que no era él. Sin embargo, me sonaba de algo más que de un mero parecido: yo a ese pavo lo conocía. Hablaba en inglés. Posiblemente fuera un estudiante más de los ocho mil que habitan en mi residencia y lo hubiera visto en los alrededores o en algún autobús. No le di más importancia.

Una o dos horas más tarde decidimos irnos a la cama, que ya era casi la una y el día siguiente (hoy) sería martes. Según salíamos aproveché para ir a mear, y los otros me esperaron fuera. Me dirigía yo a la puerta del baño, al lado de la puerta, cuando entraba el rubio; casi nos atropellamos mutuamente, y tras un instante de silencio, mientras yo me lavaba las manos y él meaba, inicié la conversación que sigue:

—Oye, ¿tú vives en la Mlyny?
—¿Que si yo qué?
—Yo a ti te conozco. ¿Vives en la residencia de estudiantes Mlyny?
—Eh, no, yo vivo en Suecia.
—¿En Suecia? ¿Y tocas en algún grupo? —En ese momento apartó la mirada.
—Sí.
—¿En cuál?
—Sabaton.
—¡Aaaah! Tú eres el que se quedó con Joakim, ¿no?
—Sí.

Y esa es la historia de cómo me hice una foto con Pär Sundström, bajista de Sabaton y uno de los dos únicos miembros fundadores que quedan, tras el abandono del grupo por parte del resto de sus compañeros.


Aunque dista de ser mi músico favorito, pienso que si estuviera en Suecia, o en una ciudad donde fueran a tocar inminentemente (especialmente en este caso), podría haberlo reconocido, pero en ese momento lo tenía totalmente desubicado. En el par de minutos que hablé con él después de salir del baño me dijo que estaba ahí porque mañana tocan en Viena, tenían un par de días libres y Bratislava es una ciudad que les gusta. Le pregunté si conocía a Sara from Madrid, que es amiga mía, y me contestó que sí, que había estado en su ciudad el mes pasado; cosa que yo, por otra parte, ya sabía, porque con lo contenta que estaba  de ir a Suecia al festival de Sabaton desde varios meses antes, como para no enterarse. Finalmente me informó de que tocarán en Bratislava en marzo y nos despedimos con un nais tumichu, un thank you my fan y un see you in March.

Wednesday, September 12, 2012

Suscripción feliz

Como alguno habrá notado ya, hace unos días añadí a la columna de la derecha una cajita de texto que permite suscribirse a las entradas del blog. Yo mismo la probé y funciona bien. No te avisa instantáneamente, sino al día siguiente o al menos unas horas más tarde, pero te manda la entrada formateadita con las imágenes que pueda contener, enlace al blog, etcétera. Es una cosa automática que ni te permite a ti conocer mi dirección de email ni me permite a mí conocer la tuya, ni siquiera cuánta gente está suscrita ni ninguna otra estadística. O sea que los que no teníais otra manera de seguir el blog que no fuera entrando cada poco, ahora ya la tenéis. Metes ahí tu email, le das a Submit, pinchas en el enlace del mensaje de confirmación que te llegará por correo y ya estás suscrito. Y el día que te hartes de mis paridas, vas al final del último aviso que te haya llegado, le das a Unsubscribe y fuera.

Para que no quede una entrada tan sosa, voy a colgar la foto que le hice a la mochila cuando estuvimos con Satán.



Poderoso Señor de la Noche,
Amo de las Bestias,
Emperador de la Oscuridad,
Rey de los lobos aullantes...

Wednesday, September 5, 2012

Agueste III: Ucrania sobre raíles. El tren de Budapest a Lviv

Billete de ida y vuelta Budapest - Lviv: 56 €
Reserva de vagón cama, ida: 11 €
Reserva de vagón cama, vuelta: 16 € (precios aproximados)

El billete se le compra a la compañía húngara MÁV Start en una taquilla. No se puede comprar por internet ni por teléfono. Si vas en cama, ésta se paga aparte: al comprar el billete pagas la de ida y al llegar a Lviv reservas la de vuelta. Precios de trenes desde Budapest. Ten en cuenta que los nombres de las ciudades están en húngaro.


Hoy voy a hablar de los trenes, que tienen su enjundia. O no tanta, pero ya lo escribí y me quedó demasiado largo como para meterlo en la entrada de Lviv, y no quiero borrar nada. Voy a ir abriendo y cerrando paréntesis al mismo tiempo: igual que conté juntos los dos días de Budapest, hoy hablaré de los dos trenes, el próximo día de las dos visitas a Lviv, y finalmente de Slavske y los Cárpatos.

Noche 9-10 de agosto

Me consideré llegado a Ucrania en cuanto metí el segundo pie en el tren, aún detenido en la budapestosa estación de Keleti, a eso de las seis y media de la tarde del jueves 9 de agosto. Essi subió conmigo; le dije: “this trip is going to be really interesting”, y en ese momento empezó a ser interesting: una joven pelirroja con mala leche me empezó a hablar en ruso a velocidad de crucero. O ucraniano, vete a saber. No los distingo. Aunque creo que era ruso porque el trayecto era Budapest – Moscú. En cualquier caso, conseguí entenderme con ella y que me dijera dónde me tenía que meter. Me despedí de Essi y entré en un camarote de esos con tres personas: un padre de 37 años llamado Vítali, una madre de 35 llamada Polina y un pequeño pero imparable torrente de verborrea de cinco años de nombre Varvara, Varia o Varusha para los amigos. Claro que en ese momento no conocía sus nombres. Al principio nos dijimos jelou, jelou, pero luego miré para Varia y le dije: “¡Priviet! ¿Kak tibiá savut?” Los padres, sorprendidos, se rieron, pero ella se quedó pillada un instante, creo que más por el acento extraño que por el hecho de que le preguntara su nombre en su idioma. “Varia. ¿A kak vas savut?” Así entablamos una conversación, con la ayuda de sus padres, que hacían las funciones de intérpretes como buenamente podían. En dos minutos ya estaba al día del nombre y la edad de todos ellos, de que su padre tiene un portátil y de que su abuela vive en otra ciudad o algo así; había asignado las camas, de modo que a mí me tocaba la de arriba, a Vítali la del medio y a ella y Polina la de abajo; y me preguntó si tenía mujer o hijos y de qué color era mi cepillo de dientes. Ah, y si me gustaban las chucherías, a lo que respondí afirmativamente, tras lo cual sacó una bolsita y me ofreció un gusano de gominola que le agradecí enormemente.

Hasta que se hizo de noche pasamos el rato primero jugando a unos juegos de cartas infantiles que tenía Varia (se partía de risa cada vez que veía que en la carta del vaso en inglés ponía glass, porque eso en ruso significa ojo, y se metía el dedo en uno), y después ella se fue a hacer amigos entre la gente de los otros compartimentos y contarles su vida como me la había contado a mí, con su madre corriendo agotada detrás de ella, mientras su padre me contaba el viaje que acababan de hacer por Europa. Cuando se hizo de noche y consiguieron dormir al tornado rubio seguimos hablando los tres durante varias horas, en una conversación un poco lenta pero muy interesante, en la que me contaron la historia de Lviv y me dijeron un montón de sitios para visitar, sobre todo iglesias en el centro de la ciudad. Ya os hablaré de ellas con más detalle. Vítali es bastante aficionado a la arquitectura y me dijo que conocía lo que hay en España pero no sabía nada de la historia del país, con lo que procedí a contársela lo mejor que pude. Con la tontería estuvimos de charla hasta la una o las dos, mirando de cuando en cuando cómo iba el cambio de vías. Las vías ucranianas son más anchas que las europeas, con lo que hay que subir el tren, vagón por vagón, a unos carros con las ruedas más separadas en un proceso lleno de ruidos y golpes que dura unas tres horas. Y no puedo cerrar el episodio del tren sin mencionar las beyond preciosas tazas en las que nos trajeron el té. En realidad no son tazas, es un coso de metal con asa dentro del cual metes un vaso de cristal común y corriente, y te queda súper majestuoso e imperial, con águilas y filigranas varias. Me dijeron que eso era típico de la era soviética.


Llegados a la estación, Vítali vino conmigo a reservar la cama para el viaje de vuelta, a comprar el billete para Slavske y a dejar el equipaje en la consigna, y me explicó cómo llegar al centro. Me despedí de él con la promesa de escribirle cuando terminara mi viaje y me dirigí al centro.


Como pudisteis ver en la entrada de Budapest, me subí a un tren azul, pero por alguna razón me bajé de uno rojo y blanco. No sé si es porque lo pintaron durante el cambio de vías (tiempo les dio de sobra) o porque algún oficial de aduanas majete me trasladó con mimo y sin despertarme de uno a otro. Creo que ya nunca lo averiguaré.


Noche 12-13 de agosto

Esta noche tiene menos que contar. El viaje duró una hora menos, aunque al mirar las horas en los billetes parece que la diferencia es de tres, porque en Ucrania es una hora más tarde. Podía llamarse Descanarias, en realidad, pero se llama Ucrania, rarezas suyas. La reserva de cama fue un poco más cara porque esta vez fui en habitación doble en lugar de triple. Mi compañero era Alexandr, un ucraniano que sabía inglés e iba a Croacia por motivos de trabajo. Me metí en mi cama de bonito y hogareño edredón estampado relativamente pronto, porque estaba cansado, y al rato vino el revisor a decirme que esa cama no era la mía y que me levantara y me fuera a otra. Maldita la gracia que me hizo, y además esa noche me despertaron tres mil veces más; algunas sólo para comprobar si estaba dormido o muerto, creo, porque si no a ver qué sentido tiene que el hombre me despierte, me diga una palabra y acto seguido se vaya. Pero en una de estas situaciones sucedió algo de lo que me siento extremadamente orgulloso: entró el señor de la aduana, me preguntó si gavariaba pa ruski o pa ukraínski, le contesté que un poco pa ruski sí, y me hizo todo el cuestionario de rigor: nombre, procedencia, motivo del viaje, destino, posesión de drogas, armas o alcohol... en ruso, ¡y le contesté a todas las preguntas en la misma lengua como un campeón! :D En las entradas que me quedan por publicar sobre Ucrania os voy a dar la vara constantemente con lo mismo, pido disculpas por anticipado, pero el ser capaz de mantener una conversación completa con fluidez, aunque fuera corta, me hizo sentirme un políglota de la leche. Y en ese momento no había nadie que me pudiera colgar la medallita figurada, así que me la colgué yo.

Por la mañana me desperté relativamente temprano y me puse a hablar con mi vecina de abajo, Olga, que resultó ser compañera de trabajo del pavo de la otra habitación e iban al mismo sitio. Me dio una manzana y unos cachos de tarta de queso que tenía y a cambio la invité a un té que nos trajeron en unos cacharros menos bonitos, claramente más modernos y de latón y de diseño más cutroso. Me habló de un libro que había leído en el que se comparaban frases idiomáticas españolas y ucranianas que, curiosamente, coinciden tanto en forma como en significado. Me dio su email prometiéndome que, si le mandaba un mensaje recordatorio, buscaría y me diría el título exacto, y así lo hizo:

GAVILÁN, Francisco: Guía de malas costumbres españolas. Madrid, Mondadori, 1988.

Saturday, September 1, 2012

El islam en la Turquía actual

Para hoy tenía preparada la primera entrada sobre Ucrania, pero anoche estuve hablando con una turca y me contó montones de cosas que no sabía. No una turca de las que dicen "bua neno", sino de las de Anatolia. Se llama Seren, nombre que se pronuncia Serán; le dije que eso en gallego significa evening y le pareció biútiful. Pero vamos a lo que vamos.

Seren es musulmana, o musulwoman o como se diga, al igual que los otros tres turcos y la kazaja que viven en este piso de la residencia. Me sorprendió sobre todo Alina, la kazaja, cuando, unos días antes de que llegaran los turcos, alguien le ofreció panceta o algo así y ella lo rechazó educadamente diciendo que no comía cerdo. Ya sé que no todas las musulmanas llevan burka y esas cosas, pero creía que al menos era costumbre cubrirse el pelo con una pañoleta, y pensé que les daría más reparo salir con un montón de chavales y esas cosas. Nada. Prejuicios, prejuicios, estereotipos, estereotipos.

Con Alina no hablé mucho de esto, pero con Seren sí. Dice que en Turquía hay varias etnias o razas —al menos ella las llamaba races, lo cual me parece un poco exagerado— y que los del este son más conservadores que los del oeste. Ella vive en Antioquía, en el medio de los dos. Una de las ramas del islam, a la que pertenece ella (por tradición familiar, ya que personalmente no es religiosa), no quiere saber nada de mezquitas, y sus creyentes rezan en casa. Cómo rezan exactamente no lo sabe, pero me aseguró que no es lo de darse cabezazos contra el suelo. Y no van a la mezquita porque, según ellos, el que debía suceder a Mahoma tras su muerte era su primo Alí, pero fue asesinado en una mezquita. El resto de musulmanes o musulmen niegan todo esto, les parece un escándalo lo que dice esta gente, y por eso se andan peleando siempre. Me parece que esta rama es la chiíta, porque buscando lo que me dijo ella (partisans of the caliph Ali, o algo así) me salen cosas de chiítas, pero no me atrevo a asegurarlo. [Confirmado: es la chiíta, pero ésta a su vez se ramifica en otras más radicales o más liberales.]

Le pregunté si las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres y dice que sí, totalmente, que no necesitan permiso de su marido para nada y que pueden pedir el divorcio y todo eso. Sin embargo, el primer ministro actual es conservador y pertenece a la rama de las cabezas femeninas cubiertas, a la prohibición del aborto en casos de violación porque hay que castigar al violador y no al bebé (esto sí que me pone malo pero malo malo malo malo malo, y hace poco leí exactamente lo mismo en una declaración de un político español) y todas esas movidas, y las cosas pueden cambiar, aunque no sé si cambiarán mucho. Eso sí, Turquía no es un estado laico, sino que tiene el islam como religión oficial y lo pone hasta en el DNI turco, aunque donde vive Seren también hay muchos cristianos y judíos. Al igual que estos últimos, los moros circuncidan a los niños, cosa que yo no sabía, la verdad.

Y eso es todo lo que recuerdo de la conversación de ayer. En mi cabeza parecía todo muy ordenado, pero me quedó una entrada un poco caótica. Espero que al menos a alguien le haya servido para aprender algo. Por cierto, ayer Seren probó por primera vez una salchicha de cerdo, que en su país no la venden siquiera, y uno de los otros turcos la vio y pareció escandalizado, aunque no dijo nada. A ella no le supo muy distinta de la carne de ternera, por lo que comentó. Lo curioso es que ninguno de ellos parece tener con el alcohol el mismo reparo que con el cerdo.